


¿Qué son y cómo se forman?
Las dunas costeras son paisajes vivos y muy sensibles que se forman por el equilibrio constante entre el viento, el mar y la arena, la cual puede desplazarse a lo largo de la costa e incluso hacia el interior del continente. Cuando la arena se seca, el viento la transporta y así se van construyendo las dunas grano a grano. Estas estructuras cumplen una función fundamental, ya que actúan como barreras naturales que protegen la costa de tormentas, oleaje extremo y huracanes, además de ser hábitat de muchas especies. En este entorno crecen plantas especiales llamadas psammófilas, capaces de resistir la salinidad, el calor, la sequía y el movimiento constante de la arena, y que además ayudan a formar y estabilizar las dunas al atrapar los granos que lleva el viento.
Riqueza Biológica
Las dunas son ecotonos sensibles donde la vida se desarrolla en condiciones adversas gracias a un equilibrio dinámico entre el viento, el agua, la vegetación, el sedimento y los seres que las habitan. Este proceso forma ecosistemas únicos con plantas, animales, hongos y culturas humanas estrechamente vinculadas a ellos. Son un patrimonio natural y biocultural que debe protegerse, especialmente en Baja California Sur, que concentra el 27.4% de las dunas de México. Además, las dunas protegen su entorno, resguardan especies endémicas y favorecen la polinización al albergar plantas con flores que atraen a diversos animales.

MATERIALES EDUCATIVOS
FUNCIONES ECOSISTÉMICAS Y CAMBIO CLIMÁTICO


Cada grano de arena se une para formar montículos que actúan como un escudo natural, semejante a un regazo materno de la naturaleza, ya que las dunas son las guardianas que protegen la compleja red de vida e interconexiones ecológicas que dependen de ellas.
Son indispensables para nuestra adaptación al cambio climático actuando como barreras físicas contra el aumento del nivel del mar, especialmente durante tormentas y marejadas, retroalimentando la arena de las playas.
Regulan la intrusión salina y permiten la disponibilidad de agua al actuar como filtradoras de lluvia y permitiendo la recarga de mantos freáticos, conservando nuestros acuíferos en buen estado. También retienen humedad en el suelo, favoreciendo la estabilidad y la vida de plantas y animales



La conservación de las dunas en buen estado es una herramienta de prevención y adaptación al cambio climático que solo requiere de regulación y la aplicación efectiva de la ley, lo cual es un costo mínimo comparado con el costo de restauración de un sistema dunar.
Se puede ejemplificar esta pérdida económica para la industria turística y las comunidades locales con los altos costos de restauración, por ejemplo en Cancún, Veracruz y otros destinos de playa donde la destrucción de dunas ha tenido como consecuencia la pérdida de playas y de estabilidad en la cimentación de edificios afectados por las marejadas y ciclones, que permanecen más tiempo en la costa y con mayor fuerza.
LAS DUNAS NOS CUIDAN
Estas formaciones de arena son escudos vivientes que protegen nuestras costas:

El servicio ecosistémico (SE) de protección a la población contra desastres naturales (ciclones, huracanes, tsunamis), es de los principales SE que brindan las dunas costeras (Martínez et al., 2014). El uso de esta función como instrumento de política de planeación y desarrollo urbano está poco explorado.
Si las personas estamos informadas sobre las consecuencias de perder algo que nos protege, evitaríamos su pérdida. La conservación de las dunas junto con otros elementos costeros como los arrecifes y manglares, mitigan la vulnerabilidad costera, limitando el riesgo de inundaciones en zonas habitacionales. Asimismo, los sistemas dunares tienen un alto valor paisajístico que en una ciudad turística como La Paz, colaboran con su atractivo, identidad y sostenibilidad.
